Hacía tiempo no escribía algo para mi o plasmaba mis ideas en un teclado o un papel. En fin, no se si era por tiempo o ganas. Igual no fue tiempo perdido porque me ha expandido la mente el ver tantas cosas. En especial estas dos últimas semanas de efecto pandora en la política de nuestro país. Me refiero al efecto pandora y me atrevo a utilizar esta poderosa analogía en dos sucesos que han tomado los titulares y las opiniones de todo nuestro sistema de comunicaciones. Excepto y de esto es lo que quiero hablarles, mejor dicho escribirles; de la falta de opinión que tenemos los jóvenes en las redes sociales sobre los acontecimientos de nuestro país.
Los dos eventos que para mí consideración merecen la analogía de la caja de Pandora, son: Las declaraciones incompletas y cobardes de Salvatore Mancuso, en contra de Alvaro Uribe. Luego el atentado sobre Fernando Londoño. Las describo incompletas porque acusa sin pruebas, fechas, detalles y evidencias las reuniones con el ex-presidente y cobardes porque esas declaraciones las hace lleno de temor. Increíble pero cierto, Mancuso criminal confeso de más de 4.500 asesinatos tiene temor de las retribuciones por sus declaraciones.
Caja de Pandora porque de estos dos hechos se desatarán todo tipo de temores, persecuciones justas e injustas, pronunciamientos, cacería de brujas, investigaciones, maquinaciones para cubrir la noticia, elucubraciones por parte de los medios de comunicación tanto para agrandar el terror como ha sucedido con el atentado como para minizar las acusaciones como está pasando con el jefe narcoparamilitar.
Sin embargo lo que más me llama la atención, pues que suceda lo que escribí antes es pan de cada día de nuestro país y la libertad de expresión y desinformación en la que vivimos es lo más normal. Lo que más me intriga y perturba es el silencio de los jóvenes frente a estos hechos. Les hemos dejado el país a los grandes, convirtiéndonos nosotros en niños mayores de edad. El país lo siguen manejando ellos, desde una cabina de edición de imágenes para un noticiero, desde una cabina radial, desde un escritorio donde se elige qué se imprime y que no, desde la salón ovoide del congreso, desde la sala de las altas cortes, desde la casa de Nariño (increíble que en una república continuemos diciendo el palacio de Nariño) o peor aún desde el salón de bebidas de algún club fastuoso de Bogotá donde se reúnen la oligarquía de este país a deliberar como se reparten los contratos, desde el twitter de algún autoproclamado patriarca (padre de la patria) que está como el libro de Gabo en su otoño o desde una casa blanca ubicada en la avenida Pensilvania.
El poder es nuestro, Señores jóvenes. Replieguen el firewall que ellos le han endilgado y actuemos. Ensuciémonos un poquito de lo que afecta a nuestro país, busquemos la verdad. No la verdad que nos dicen a todo momento, hallemosla nosotros mismos. El país que querramos cuando estemos viejos depende de lo que decidamos hoy, el país que queremos para nuestros hijos lo podemos construir hoy. OPINEMOS, DEBATAMOS, la mayoría de jóvenes en este milenio no creemos en la guerra así que construyamos nosotros la paz. No dejemos que nos abran esa caja de Pandora con todos esos demonios y ni siquiera nos demos por enterado. Es más seamos nosotros esa Pandora tengamos curiosidad por las cosas que nos afectaran en un futuro cercano. Impuestos, trabajos, pensión, salud, educación para nuestros hijos. El país que nos dejaron nuestros padres es horrible. Yo estoy seguro que eso no era lo que querían para nosotros. No cometamos el mismo error.
