Ayuno, limosna y oración son los tres pilares para vivir una transcendental cuaresma. Esto es lo que invita la iglesia a todos los católicos alrededor del mundo, es lo que nos dicen todos los sacerdotes cada año en sus homilías desde los miércoles de ceniza hasta el domingo de ramos. La insistente exhortación a la conversión y a la preparación del espíritu para la fiesta magna de nuestro credo: La pasión, muerte y resurrección de Jesús.
En la cuaresma vivimos inmersos en una atmósfera que nos invita al cambio y la interiorización. Todo en la liturgia indica el camino hacia estas posturas que debemos trabajar para esperar vivir con un significado distinto la semana santa y la pascua. Esto es una muestra de la verdadera actividad en la iglesia: No es un acto repetitivo que hacemos anualmente, es un acto que va progresando a medida que cada creyente vive su proceso de conversión (metanoia) y contribuye en forma eficaz al desarrollo de la actitud cristiana siempre y cuando se viva con responsabilidad y perseverancia. Para esto Dios nos propone, a través de su iglesia, tres actitudes que serán fundamentales para vivir a plenitud la cuaresma, el ayuno que tiene una doble finalidad: por una parte mitigar nuestros apetitos desordenados, y por otra parte aliviar las necesidades del prójimo con el fruto de nuestra renuncia*, la limosna que no quiere decir otra cosa sino misericordia con los necesitados y la oración.
Quiero enfocarme en esas actitudes a las cuales la iglesia invita y describir cómo hoy los jóvenes podemos vivirlas. El ayuno debe ser la principal actitud que debemos vivir, mitigar nuestros apetitos desordenados, nuestros deseos y qué joven no los tiene. Poder controlarlos y con nuestra renuncia a ellos aliviar las necesidades de los demás en una sociedad individualista y libertina es algo en extremo complicado por eso pienso que debe ser esta actitud crucial para ahondar en nuestra espiritualidad. El principal ayuno es el de la comida, aprender a controlar este instinto el más natural y primordial de todos, nos fortalece el espíritu ya que quién domina el estómago aprende a dominar cualquier cosa. Recuerden el pasaje de los apóstoles que no pudieron liberar al endemoniado y Jesús les dice que esta clase de demonios sólo le expulsan con ayuno y oración, el demonio conoce a los glotones y si alguien es vencido por su estómago es vencido por cualquier prueba. Los otros ayunos son posibles cuando logramos éste**. Otros ejemplos de ayunos son: Estar lejos de las redes sociales y volverse a las verdaderas relaciones sociales esas de visitar a los amigos y escucharlos, en fin he ahí un sencillo ejemplo de ayuno. Ayunar del individualismo y proponernos ser más colectivos, pensar un poco más en los demás y vivir al menos un día por lo que le interesa a mi prójimo en vez de querer preocupación por mí.
Siguiendo con la limosna quisiera proponer el desprenderse de lo que tenemos nosotros y brindarlo a los demás. Me refiero al tiempo, muchos son los grupos que sirven a los que lo necesitan. Tener siempre presente en estos días (no obstante hacerlo el resto de nuestra vida)
el deseo de ayudar a nuestro prójimo, a mostrar misericordia, dejar de juzgar y empezar a entender a nuestros hermanos. La limosna es mostrar misericordia, eso tan sencillo nos cuesta tanto. Perdonar, ayudar y confiar en nosotros y en los demás. Sin olvidarnos de las obras de misericordia que propone la iglesia. Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste (Mateo 25. 31-46)
Por último la oración, orientada al cambio de personalidad. Encaminada a la aceptación de las cosas que tenemos y hacemos mal y la súplica por cambiarlas. La oración de conversión debe ser la que dirijamos al Padre misericordioso para poder cambiar con su ayuda lo que nos aleja de Él, lo que impide que seamos santos como Él lo es. Una oración pidiendo fortaleza y perseverancia para vivir el ayuno y la limosna, en especial para todos los que quieran dejar más y dar más.
Sencilllo y práctico los consejos pero muy difíciles de poner en práctica pero ése es el objetivo de la cuaresma reconocernos hombres y mujeres débiles, pequeños, insignificantes, necesitados de cambio y sentido qué sólo podemos llegar a conseguirlo cuando disponemos nuestro corazón a Dios y a su acción. Éso es la cuaresma.
*Tomado de ACIPrensa
**Colaboración del Padre Juan Ávila.
Foto tomada www.oblatos.com

